viernes, 5 de abril de 2013

APORTACIONES PARA LA REVISIÓN DE ALGUNOS HECHOS DE LA CONQUISTA DE GRAN CANARIA, POR FANEQUE HERNANDEZ BAUTISTA


APORTACIONES PARA LA REVISIÓN DE ALGUNOS HECHOS DE LA CONQUISTA DE GRAN CANARIA

         Faneque Hernández Bautista, Profesor de Ciencias Sociales

 

   
                                        En el alto minarete


en que rezaba el muecín

tañen campanas, hogaño,

la alegría del  Señor,

y bajo las arquerías

de pórfido y alabastro

de la mezquita de antaño

las aguas de gracia y vida

recibiera Tenesor.
 

Juan del Río Ayala, Tirma, 1947

                                                 

Resumen: Revisión de hechos clave relacionados con la conquista de Gran Canaria tales como la identidad y circunstancias de la captura de la reina o guayarmina de Canaria y de la posterior entrega de su esposo el rey o guadarteme Tenesor Semidán como resultado de la extorsión a la que  es sometido. Asimismo el trabajo estudia los dos primeros viajes de Tenesor a la Península y las circunstancias de su bautizo con el nombre de don Fernando Guadarteme en el verano de 1482  en ceremonia oficiada por el Arzobispo de Sevilla, no el de Toledo, en  la Ciudad de Córdoba, no en la de Madrid o en la de Calatayud.

Palabras claves: Reina de Canaria, Guayarmina Abenchara, GuadartemeTenesor Semidán, Conquista de Gran Canaria, siglo XV

Abstract: Revision of main facts related to the conquest of Gran Canaria, such as the identity and circumstances of the kidnapping of the Queen or Guayarmina of Canaria and the subsequent surrender of his husband the king or Guadarteme Tenesor Semidán as a result of the extortion he suffered. Additionally this article is focused on the two first voyages of Tenesor to mainland  and the circumstances of his baptism with the appellation of don Fernando Guadarteme in the summer of 1482 in a ceremony officiated by the Archbishop of Seville, not of Toledo in the city of Cordoba, not in Madrid or Calatayud.

Keywords: Queen of Canaria, Guayarmina Abenchara, Guadarteme Tenesor Semidán, Conquest of Gran Canaria, 15th century
 

Introducción

Los hechos que vamos a estudiar tuvieron lugar a caballo entre 1482 y 1483 postrimeros años de la conquista de la isla de Gran Canaria. Dicha proceso se extendió en dos períodos que se definen por la diferente actitud de sus capitanes de guerra. Durante la primera fase (1478-1480) Juan Rejón establece el Real de Las Palmas después de ganar la batalla del Guiniguada y asegura la presencia castellana venciendo a los portugueses en el desembarco de Las Isletas, sufriendo algunas derrotas en sus correrías por el interior debido a la falta de bastimentos y a las frecuentes disensiones  por la estrategia seguida que culminan con el ajusticiamiento de Pedro de Algaba, uno de los triunviros de dicho período.

 Durante la segunda fase (1480-1483) Pedro de Vera con numerosos refuerzos y mando unificado reactiva la campaña militar con razias de destrucción en ambos reinos indígenas que parten desde el Real y también desde la Torre de Agaete después que esta se construyera en 1481 para abrir un segundo frente. Una de estas correrías supone la muerte en mala lid de Doramas que cambia el signo de los enfrentamientos. Es entonces que se manifiesta la debilidad de los guadartemes que tratan de pactar la rendición salvaguardando libertades y franquezas de los canarios al tiempo que acuden a denunciar la crueldad de los métodos de  conquista. Primero el Guadarteme regente de Telde, Aymedeyacoán, acompañado de un séquito de guayres, se presenta en 1481 en Calatayud, prestando vasallaje a los Reyes de Castilla, aunque más tarde, a la vuelta,  esta legación iba a desaparecer misteriosamente, quedando descabezado el reino. Más tarde en 1482 es Tenesor Semidán, el Guadarteme de Canaria, reunificados los dos reinos, con cuatro de sus guayres, quien se presenta en la Corte de Córdoba para sellar las paces en unas circunstancias forzadas por la captura de su esposa, la guayarmina Abenchara, que trataremos de desvelar en este estudio y que determinarán en un corto espacio de tiempo  la rendición de la isla.
 
1482.

Las correrías de los extranjeros que se parapetan detrás de las murallas y tapias de la torre que recientemente ha sido levantada en la rada de Agaete[1]  llevan un tiempo asolando las costas y medianías del norte robando mujeres y ganado, provocando la huída hacia las montañas de los nativos, sobre todo desde que en febrero llegaran los refuerzos gomeros y de “hombres de las islas” de Hernán Peraza[2].

Es en el valle de Guayedra con toda probabilidad donde se oculta la familia real canaria después de que, ante el acoso de las fuerzas de Alonso Fernández de Lugo, hubiese de ser abandonada Gáldar, la ciudad de las guayarminas.

Marín de Cubas describe con profusión de detalles [3] una de estas correrías: la que tiene lugar desde Agaete en las costas de Tirma cuando dos mujeres, una muchacha rubia y una mujer mayor que la acompaña, después de matar lanzando piedras a un castellano, al verse rodeadas y sin escapatoria deciden despeñarse antes que ser capturadas ¿Puede ser esta la crónica de la captura de la reina de Canaria?

Un texto extraído de las crónicas[4] puede arrojar una luz distinta sobre el modo en que fue capturada la reina. Relata el cronista de la Matritense que desde el fuerte de Agaete se realizaron correrías de castigo sobre Guayedra y Artenara. La posibilidad de que la guayarmina fuera capturada en el mismo lugar donde se ocultaba la familia real mientras Tenesor y los guerreros del poblado estaban ausentes con motivo de alguna operación militar parece más plausible que la de los bañaderos de Faneroque, al pie del macizo de Tirma, habida cuenta de la proximidad del fuerte hasta dicha playa (menos de una legua).

Desde uno u otro escenario la capturada va a ser llevada al fuerte de Agaete. Podemos imaginar lo que allí ocurre con las nativas presas pero no tenemos datos para atestiguarlo. Lo único cierto y comprobado es que Abenchara, la reina de Canaria,  llegó a Córdoba tiempo después “doliente a la muerte” como diría su protector, Juan de Frías[5], cuando le fue confiada. Hemos de suponer que o bien se riscó cuando huía, o bien fue objeto de violencias sin nombre por parte de los acuartelados…o ambas cosas.

Sí sabemos con certeza que en fechas próximas a estos hechos, había pasado a formar parte de la guarnición de Agaete, por encomienda de Pedro de Vera,  un nativo de Lanzarote, que llevaba de rehén muchos años en Canaria, llamado Juan quien, haciendo las veces de espía y de traductor,[6] se aprestaría a advertir al alcaide de la torre de que la joven señora capturada era Abenchara Chambeneder, la hija del que fuera faycán de Gáldar Chambeneder y esposa de Tenesor Semidán, el temido Guadarteme de Canaria. Ambos gobiernan la isla como regentes por minoría de edad de su sobrina Arminda Masequera, la hija del fallecido Egonayga Guayasén Semidán, el “Guanarteme bueno”.

Es razonable pensar que el de Lugo y Hernán Peraza no iban a desaprovechar aquella formidable noticia para acreditar su mérito ante los monarcas castellanos y escapar así del largo destierro forzado de Agaete donde no se daban  las condiciones para coronarse de gloria con la centena de hombres que constituían la guarnición, incapaces, por sí solos, de decantar el curso de la guerra contra los indígenas. Creemos por tanto que, contando con  la anuencia del general Pedro de Vera, la infortunada guayarmina (“reina” en la lengua nativa) fue embarcada urgentemente, una vez descubierta su identidad y a pesar de su grave estado de salud, rumbo a la Península, para ser entregada como cautiva a los que más tarde serán conocidos como los Reyes Católicos. El profesor Ladero señala que “fue traída a Castilla, seguramente en el viaje que Miguel de Mujica hizo por entonces, pues estaba ya en la península a finales de agosto”.

Es efectivamente a finales de agosto cuando Abenchara, que está “doliente a la muerte”, es confiada, ya como hemos comentado,  al Alcaide del Alcázar don Juan de Frías. Su captura debió pues producirse a principios de verano o incluso antes, pues no sabemos cuánto tiempo pudo pasar encerrada en la torre antes de su embarque o recibiendo atenciones en Sevilla para su curación antes de procederse a su traslado final a la Corte.

Su entrega a los reyes tuvo lugar en la ciudad de Córdoba  por su proximidad a la frontera con el Reino de Granada. Desde Córdoba se dirigían las operaciones de guerra contra los nazaríes por lo que los reyes, cada año, durante los ocho en que allí se instaló la corte, se  trasladaban al alcázar de esta ciudad al comienzo de cada campaña militar, a principios de la primavera, tras pasar el invierno en Castilla o Aragón. Así es que, nos cuenta Rumeu de Armas[7], Fernando llega a Córdoba a fines de marzo de 1842 e Isabel se retrasa algo, con motivo de estar embarazada,  llegando a fines de abril.

 Será exactamente a 31 de agosto cuando Abenchara que está muy enferma es recibida en el Alcázar de Córdoba quedando bajo la protección de su alcaide quien, según el autor antes citado, no es el obispo de Canaria sino otro personaje homónimo, afirmación que compartimos teniendo en cuenta los sólidos argumentos del historiador. A esos argumentos  añadimos, en su apoyo, el hecho de que los pagos de este personaje se extendieron durante al menos dos años más, hasta 1484, como se acredita en una partida de las Cuentas referida al salario de una nodriza para alimentar a un esclavito del príncipe Juan que está también bajo su custodia, junto a unos lebreles de caza. No parece que estas sean tareas muy apropiadas para el obispo de Canaria, que es a su vez un capitán general de la conquista de Gran Canaria, sino para el alcaide de un palacio real.

En las “Cuentas de la conquista de Gran Canaria” publicadas por el profesor Ladero, el tal Juan de Frías  justifica los gastos que hizo en medicinas, purgas y jaropes y en el salario de un maestro sanador para atender durante todo el mes de septiembre a la joven canaria que se debatía entre la vida y la muerte.

Durante ese mes viven en el Alcázar, más que conviven,  la reina de Castilla y la reina de Canaria dado que no pudo haber relación entre ellas por la grave situación de salud de esta última. Curiosamente, cuando llegan a Córdoba, ambas se encontraban en avanzado estado de gestación, habiendo nacido sus hijas con una diferencia de tan solo tres meses. Primero la infanta María, a fines de junio,  quien de mayor  llegará a ser la reina de Portugal y, a fines de septiembre, Catalina la canaria. La coexistencia es tan corta porque los Reyes Católicos abandonan Córdoba  un día después del nacimiento de la hija de la reina cautiva, hecho que no puede ser fortuito. Una nota de Rumeu señala que la reina Isabel no apareció por Andalucía durante la campaña de 1483, en la que sí participó el rey Fernando, por lo que hemos de deducir que probablemente no volvieron a verse.

La niña canaria nace, con la exactitud de las citadas Cuentas, el día 30 de septiembre de 1482. Así lo atestigua el alcaide Juan de Frías cuando informa  del pago de seis reales a la partera. A partir de entonces se va a producir una pronta recuperación de su madre como puede deducirse de la necesidad de confeccionarle vestidos nuevos y del pago de los salarios del sanador. Como anécdota curiosa, referimos ciertos gastos habidos, después del parto, en frisa blanca y pardilla para la ropa de cama de la niña y en frisa verde y lienzo para los vestidos y camisas de Abenchara, además de algunos complementos como tocas y zapatas. Hay que reseñar en este punto que Bethencourt Alfonso estima que la recién nacida tuvo también nombre guanche, ostentando el mismo de su madre por lo que podríamos llamar a la infanta, si esto pudiera ser confirmado, Catalina  o Abenchara hija.

Pensamos que uno de los motivos de la pronta recuperación de su madre y de la prosperidad de su parto, pudo ser la visita no esperada de su marido, el guadarteme Tenesor Semidán, quien, tras acordar su entrega, debió ser recibido por los reyes en la misma corte cordobesa donde estaba alojada, cautiva y enferma, la reina de Canaria. Posteriormente, a principios de octubre, después  de recibir con toda probabilidad el bautismo en el magno escenario de la Mezquita Catedral de Córdoba y de ver  a su hija recién nacida, emprendería el viaje de vuelta a su isla, no sin antes haber sellado una capitulación casi incondicional, con muy pocos derechos; entre ellos, los de ostentar la propiedad del valle de Guayedra, “donde estaba el espíritu de sus antepasados”, y el de asegurar la protección  para  las  libertades y costumbres de la nobleza canaria; y muy gravosos deberes, como los de aceptar la sumisión a los Reyes de Castilla, cristianarse y contribuir militarmente a la pacificación de la isla.

Una nueva cita de Marín de Cubas[8] puede resultar esclarecedora acerca de los motivos de la entrega voluntaria  de Tenesor cuando explica que en la cueva donde fueron apresados los canarios “algunos dormían con mujeres y la espía (la palabra espía era en aquella época de género femenino) dijo que el uno de ellos que tenía una mozuela era el Guadarteme de Gáldar, que por sus amores vino allí”. En nuestra opinión las palabras puestas en boca del informante o espía Juan Mayor se prestan a confusión, mereciendo otra interpretación: lo que el Guadarteme habría comunicado al lengua es que él ha decidido su entrega en el lugar pactado, en compañía de sus leales, para acudir al rescate de la mujer a la que ama, la reina de Canaria y que le aporta la legitimidad para gobernar.

Asimismo, un trabajo de profesor Wölfel [9] precisa la imposibilidad de una captura a tenor de la forma en que esta se produjera y en el modo en que fuera recibido por el general de Vera que sale a su encuentro en Bañaderos y lo acompaña hasta el real ordenando salvas en su honor, según atestiguan las crónicas, decantándose claramente por la hipótesis de una entrega voluntaria aunque yerra en cuanto a los motivos de la misma y a la fecha del evento.

Puesto que Abenchara fue capturada, como concluye el profesor Morales Padrón, en la primavera de 1482 y alumbra a su hija Catalina a finales de septiembre en el Alcázar de Córdoba, tuvo que ser a principios del  verano cuando Tenesor Semidán habría acordado su entrega, aceptando o incluso proponiendo que Abenchara  fuera canjeada por su vasallaje a los reyes Isabel y Fernando. Es la única posibilidad que contempla de recuperar a su mujer y, con ello, de mantener su legitimidad como rey de todos los canarios.

 Así es que Tenesor, después de recibir el bautismo, regresa de inmediato a Gran Canaria [10], embarcando a principios de octubre, en el Puerto de Santa María en una nave fletada por Miguel de Mujica. El 24 de este mes, será recibido en El Real de Las Palmas por Pedro de Vera quien muestra su sorpresa y satisfacción  por la antelación con la que llegan el guadarteme converso y  los esperados refuerzos y bastimentos. Después de hacer honores al capitán y gobernador, Fernando Guadarteme, desde el Real, envía emisarios a sus súbditos para cumplir con la capitulación. Más tarde, abandona con sus guayres el Real, sin custodia alguna, y se dirige hacia el interior de la isla. Es efectivamente en noviembre de 1482 cuando tiene lugar el Sábor en el tagoror de Cendro en que el Guadarteme converso trata de convencer los nobles canarios de sellar la capitulación, alzándose en su contra Tasarte, junto a su protegido Bentejuí y los faycanes de Telde y Gáldar para continuar con la resistencia.

El primer viaje de Fernando Guadarteme a la Corte no está bien documentado y ya hemos advertido que los especialistas confunden la fecha de su “captura”, que, según los profesores Rumeu y Ladero, se realiza un 12 de febrero de 1483, una fecha “imposible”, pues tenemos la certeza histórica de que a finales de 1482 ya participa del lado castellano en la batalla de Ajódar, y de que está presente, a principios de 1483, en el cerco del Bentayga, para ser protagonista asimismo en abril de ese año de la capitulación de Ansite, por lo que su entrega  a Alonso Fernández de Lugo hay que situarla a principios del verano de 1482.

Morales Padrón es el investigador que, hasta ahora, más se aproxima a estos asertos cuando plantea la hipótesis, a la vista de las Cuentas de la Conquista, de un primer viaje a la Península en la “primavera” de 1482[11], pero sin reconocer en ningún momento la evidente extorsión a la que se somete al guadarteme. Prefieren hablar de que este acompaña a su mujer embarazada hasta la Corte y de que la reina de Canaria ha de permanecer allí, como rehén, tras haber alumbrado a su hija.

Santiago y Rodríguez había planteado pioneramente con anterioridad que el primer viaje del guadarteme había tenido lugar en 1482, regresando de la Península primero de octubre, pero rehúsa sin embargo aceptar la evidencia del rapto de la reina de Canaria y la subsiguiente extorsión a su esposo con argumentos incompresibles[12].

Finalmente, el profesor Lobo Cabrera en fechas muy recientes, ante la pregunta de si fue una rendición o un apresamiento pactado se aventura a plantear, puesto que en algunos textos se habla de que su captura se produjo estando de paces, que “posiblemente, si tenemos en cuenta el arresto de su mujer encinta con anterioridad y enviada  al Península, el guanarteme abrigaba la posibilidad de liberarla”.[13]

El único cabo suelto que debemos reconocer en nuestras conjeturas es la cortedad de tiempo de la expedición, mediando tan solo unos meses entre el viaje de  ida y el de vuelta de Tenesor Semidán. Pero sabemos de las urgencias de los reyes para conseguir que el “cautivo” Fernando Guadarteme regresara cuanto antes a la isla para así culminar la conquista de la isla, como bien recoge Marín de Cubas a través de sus privilegiadas fuentes, cuando el rey Fernando insta al Guadarteme a volver “luego que fuese cristiano, con la brevedad posible”[14].

Si un viaje entre Gran Canaria y Andalucía, al navegar contra el viento, podía durar en torno a diez días, debemos calcular tres semanas para el viaje en barco entre la ida y la vuelta, que sin duda sería más rápida, y al menos dos meses para presentarse ante los reyes en Córdoba para allí, después de encontrarse con su esposa y ser bautizado, esperar la leva que hace Miguel de Mujica en Vizcaya de ballesteros y colonos en tierras del norte para después retornar al puerto de Santa María y poner rumbo al puerto de Las Isletas. Todo esto debe suponer un mínimo de tres meses y puesto que existen pruebas, en las Cuentas, de que el barco de vuelta parte a “primero día de octubre de 1482” desde el Puerto de Santa María, tuvo que ser  a principios del verano,  tiempo después del rapto de Abenchara, cuando Tenesor debió entregarse a las cuadrillas de Fernández de Lugo y  Hernán Peraza, con la mediación del trujimán Juan Mayor. Debemos concluir en consecuencia que mucho tiempo antes de nacer su hija él ya habría acordado su entrega pues el objetivo esencial es recuperar a su esposa como símbolo y sostén de su poder.

El esquema cronológico se podría simplificar si pensamos, siguiendo al profesor Ladero, que Miguel de Mujica no acompaña a Tenesor en su viaje a la península sino que fue a la reina de Canaria a quien acompañó  en la primavera de 1482 en su tornaviaje de marzo de ese año, con lo que los plazos para organizar la leva de ballesteros se amplían considerablemente. Tenesor habría sido embarcado en su primer viaje a la Península con posterioridad, en el verano, después de contrastar alguna prueba de vida de su esposa, con lo que su estancia de tres meses en la Península de junio o julio hasta septiembre sería un tiempo suficiente para cumplir los objetivos que le han marcado pues la leva de Mujica se habría realizado entre abril y septiembre de ese mismo año. Concluimos pues con el planteamiento de que el contino real Miguel de Mujica lleva hasta la península  a la reina de Canaria en marzo-abril de 1482 y regresa a Gran Canaria en octubre trayendo de vuelta a Tenesor quien habría viajado a principios de verano bajo custodia de algunos de los hijos del gobernador.

Tenemos fundadas dudas acerca de la correcta ubicación del lugar donde se dice que fue bautizado el rey de los canarios. Algunos autores hablan de Calatayud, confundiendo este viaje con el realizado en 1481 por un guadarteme de Telde, cuyo nombre es un enigma, aunque el investigador Rumeu de Armas  propone identificarlo con Armide Yacocon, también reconocido en las crónicas como Aymedeyacoán, hermano del, en esas fechas ya fallecido por una epidemia de modorra, rey de Telde Bentagao, padre de la princesa Tenesoya y del guayre Autindana. Otros  sitúan equivocadamente el evento en Toledo por el hecho de que quien dirige la ceremonia es el recién propuesto Arzobispo de Toledo don Pedro de Mendoza. Otros, como Rumeu y Ladero, sin documentación de apoyo, lo sitúan en Madrid porque datan incorrectamente el hecho en febrero de 1483 cuando la corte castellana efectivamente estaba situada en el Alcázar de dicha localidad.

Pero sabemos que en el verano de 1482 los reyes estaban en Córdoba y si, como ya ha sido establecido, abandonan esa ciudad a principios de octubre, al mismo tiempo que el guadarteme emprende su viaje de vuelta a Gran Canaria, hemos de concluir que la ceremonia de su bautismo debió ser oficiada en la misma ciudad califal.

Nos apoyamos de nuevo en el documentado Marín de Cubas quien comenta en relación con el lugar del evento: “…hasta llegar a Calatayud por el camino de Córdoba donde estaban sus altezas, saliendo gran concurso a verlos por los caminos, y sentían mucho que los reputasen en el número de los moriscos y estos eran los más que venían a verlos”. Creemos que Marín corrige el documento original y por confusión con el viaje del guadarteme de Telde de 1481 cita el lugar de Calatayud, porque es evidente que no tiene ningún sentido decir que “Calatayud (Aragón) está en el camino de Córdoba (Andalucía), donde estaban los reyes”. La descripción que hace, por otra parte, de la existencia de numerosos espectadores al paso de la comitiva, mayoritariamente moriscos, nos hace pensar que la escena debió desarrollarse en Andalucía y no en Madrid.

¿Por qué se empeñan los investigadores en llevar la ceremonia hasta Madrid cuando en las propias Cuentas de la Conquista se hace constar  el pago del traslado de ida y vuelta del guadarteme desde Sevilla a Córdoba en 1482 [15] y cuando en la Información Guadartémica de 1526 se recoge la declaración de don Fernando de Álvarez diciendo que “este testigo lo vido (en Sevilla) después de baptizado en la ciudad de Córdoba donde a la sazón estaban sus altezas”?

De confirmarse esta hipótesis, el templo en que se realiza la ceremonia de bautismo del rey canario y de algunos de sus guayres acompañantes (que recibieron como presentes, según Marín de Cubas, las tierras de Agumastel, Las Isletas y la costa de Guadarteme)  hubo de ser, como ya don Juan del Río Ayala anticipara en Tirma: Romance de la conquista, la misma Mezquita-Catedral de Córdoba,  la Catedral de Santa Madre de Dios. Conjeturamos esta circunstancia por la proximidad de una cuadra hasta el Álcazar nuevo donde está el Palacio Real y por la magnificencia del acto que se describe en las crónicas, oficiado por todo un Arzobispo aunque no es todavía el de Toledo, como dicen los historiadores citados, sino el de Sevilla. Su nombre es sin cuestión don Pedro González de Mendoza, el hijo del Primer Marqués de Santillana, que fue nombrado cardenal y patriarca desde los tiempos de Enrique IV de Castilla quien lo tenía en tanta consideración que lo llamaba el Gran Cardenal de España.

Pedro González de Mendoza fue  Arzobispo de Sevilla desde 1474 hasta finales de 1482. En abril de ese año fue efectivamente propuesto al Papa por Isabel de Castilla como Arzobispo de la sede primada de Toledo pero el nombramiento papal no llegará hasta noviembre cuando ya Tenesor está de regreso en Gran Canaria.

En dicha ciudad de Córdoba, tras el retorno del guadarteme, tuvo que permanecer la reina cautiva durante once meses y medio. Nada más llegar, debió haberse producido la ceremonia de su bautizo, mientras estuvo cerca de la muerte, recibiendo un  nombre cristiano que según Suárez de Quintana es Ana y según Nuñez de la Peña  es Juana Fernández.

A pesar de las numerosas contradicciones entre cronistas y genealogistas[16], valorando el documentado aunque inédito  trabajo realizado por Miguel Rodríguez Díaz de Quintana[17], postulamos que Abenchara es la misma persona que él reconoce como Juana Fernández, la madre de Margarita y Catalina, y que este autor, inexplicablemente, no relaciona con la reina de Canaria, cautiva en el Alcázar de Córdoba. Nos decantamos  por tanto por el nombre de Juana, apoyándonos asimismo en la posibilidad, no contrastada, de que la hija homónima de los Reyes, la que fuera más tarde Reina de Castilla, que contaba en aquel momento con tres años de edad, haya sido la involuntaria causante de su onomástica.

Recientemente en su obra las Las Princesas de Canarias [18] el profesor Lobo Cabrera deshace la nebulosa acerca de su identidad y circunstancias cuando plantea abiertamente que “nosotros somos de la opinión de que la niña nacida en la capital andaluza no es otra que Catalina, la hija del guanarteme y de su esposa Abenchara, conocida como Juana Fernández, la cual fue capturada en las campañas de conquista y enviada a la corte por Pedro de Vera…”

1483

Nada sabemos de cómo transcurrió el encierro de Abenchara hasta que por fin pudo regresar a Gran Canaria. Imaginamos que, después de sellada la Capitulación de Córdoba y recuperada su salud,  su estancia en el Alcázar fue todo lo plácida que puede ser la vida de una cautiva por mucho que sea su prisión un palacio real, es decir, añorando su tierra, su familia y la libertad perdida. En las cuentas del Alcaide del Alcázar se dice: “gasté con la dicha reina de Canaria, de su mantenimiento de once meses y medio que la tuve en mi poder, hasta quince días de agosto que la entregué a su marido por mandado del Rey nuestro señor, para llevarla  a su tierra…, 4000 maravedíes”

Es efectivamente en 1483, con posterioridad a la capitulación del 29 de abril  en Ansite, probablemente a fines de julio, después de recogidas las cosechas, cuando Fernando Guadarteme, una vez entregada en Las Palmas su sobrina  Arminda Masequera como símbolo de la soberanía canaria, viaja por segunda vez a la corte, situada de nuevo en Córdoba, para acudir al rescate convenido. La entrega está fechada, como precisan las Cuentas a 15 de agosto de 1483, momento a partir del cual regresará a su isla, después de una estancia en Sevilla, acompañado de Juana, su esposa, y Catalina, su hija pequeña. Ambas llevarán en su honor los apellidos Hernández o Fernández, como indistintamente se escribía en el lenguaje de la época. La niña es la misma persona cuyo testamento fechado en 1526 en la escribanía de Gáldar fue hallado, transcrito  y analizado con especial acierto por el profesor Lobo Cabrera[19].

Durante este segundo viaje, en el verano de 1483, el guadarteme canario va a tener la oportunidad de compartir el séquito del rey Fernando con otro ilustre cautivo, el rey de Granada, Boabdil, pues ambos fueron exhibidos en una cabalgata por las calles de Córdoba como símbolos de su poder[20].  Boabdil será pronto liberado de su cautiverio, pudiendo regresar a su país, no sin antes haberse visto forzado a dejar como rehenes a sus hijos, al igual que le había sucedido a Tenesor un año antes, con la finalidad de provocar la guerra civil entre los nazaríes, lo que sin duda habría de favorecer los intereses castellanos. Marín de Cubas nos lo cuenta a su modo: “Vino a visitarle y estuvo con Guanarteme durante tres días Muyel Adaly, rey de Granada llamado el Chico porque, vivo el padre, reinó él”. La coexistencia entre los dos reyes en Córdoba queda además atestiguada en la Información Guadartémica en las declaraciones de distintos personajes aunque los historiadores en general confunden la fecha de dicho encuentro situando el acontecimiento con ocasión del primer viaje del  guadarteme[21].



 Relieve escultórico obra de Facundo Fierro situado en el Alcázar de Córdoba
 
 

Recapitulación final

Debemos recordar que los hechos que hemos pretendido revisar históricamente relativos a la captura de una guayarmina, tuvieron un precedente mejor conocido: el rapto de Tenesoya y su canje posterior, para recuperarla, por un numeroso grupo de rehenes cristianos, hechos que describieran literariamente Cairasco de Figueroa en octavas reales en el siglo XVI y  Néstor Álamo en prosa poética en el siglo XX [22].

Pero esta vez es el propio guadarteme quien se ofrece a sí mismo en sacrificio de rendición para recuperar a su mujer y a su hija lo que dota de una justificable debilidad humana a personaje tan controvertido y coloca en insostenible situación a los métodos de la conquista castellana que no pueden ser justificados éticamente ni siquiera en el contexto bajomedieval. Estamos hablando pues de una estratagema urdida para forzar la conquista de Gran Canaria utilizando como rehenes a una mujer y a una niña pequeña pues no creemos que haya sido fortuita la captura de Abenchara. Ni la crueldad inherente a los tiempos de las guerras de “reconquista” ni el fanático cristianismo de los reyes, para quienes los nativos no serían más que unos bárbaros infieles, permiten dar amparo a tamaña iniquidad histórica.

GLOSA DE LA OBRA DE MARÍN DE CUBAS

Deseamos glosar la excepcional utilidad para nuestro estudio de la obra “Historia de las siete islas de Canaria” de Marín de Cubas que aparece citada frecuentemente en las notas a pie de página.

Como bien dicen los profesores Millares Torres y Wölfel,  Marín de Cubas maneja fuentes primarias que no conocen otros historiadores lo cual se refleja en los textos copiados, organizados a modo de un conjunto de traslados (copia y pega que diríamos ahora) con un estilo propio del siglo XVI del manuscrito fechado en 1687. La edición publicada por la RSEAP del Las Palmas se corresponde sin embargo con el manuscrito fechado en 1694 que viene a ser la nueva redacción que da Marín a los textos antiguos que había recopilado. El autor introduce  en esta segunda redacción numerosos añadidos erróneos que debieran ser “limpiados” en una edición crítica del primer original manuscrito como demandaba mi viejo profesor de Historia de Canarias don José Régulo Pérez en el Proemio de la publicación citada. Solo así se explica que se describan detalles de la batalla del Guiniguada o del almuerzo de los canarios en el Palacio Real  o del despeñamiento de una nativa para evitar ser capturada como esclava, como si estuvieran siendo vividos por el narrador. En conclusión pensamos que ante la  obra corregida de Marín,  sin algunos aditamentos del segundo manuscrito, estaríamos dando nueva lectura a fuentes primarias de excepcional valor histórico, probablemente la crónica primigenia de Pedro de Arguello que cita el profesor Lobo Cabrera en su obra magna, que podrían suponer una revisión de los hechos de la conquista castellana de Gran Canaria a tenor de su probada verosimilitud.


BIBLIOGRAFÍA

 

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LOBO CABRERA, M.: La conquista de Gran Canaria (1478-1483) Las Palmas de Gran Canaria: Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2012

LOBO CABRERA, Manuel.: Las princesas de Canarias Las Palmas de Gran Canaria: Anroart Ediciones, 2012

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RODRÍGUEZ DÍAZ DE QUINTANA, M.: Estudios históricos Rey Fernando Guanarteme. Trabajos no editados. Tomo III  Museo Canario

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WÖLFEL, Dominik Joseph "Don Juan de Frías: El gran conquistador de Canarias"  Revista Museo canario 45-48, Las Palmas de Gran Canaria, 1953




[1] LADERO QUESADA, Miguel Ángel: “Las cuentas de la conquista de Gran Canaria”Anuario de Estudios atlánticos  nº 12 Madrid-Las Palmas, 1966, p. 27.: La torre de Agaete se terminó a fines de septiembre de 1481.
 
[2] FRAY JOSÉ DE SOSA: “Topografía de la isla afortunada de Gran Canaria”, Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, 1994, p.159
“Visto por el capitán general Pedro de Vera la aspereza de la tierra, el ánimo y soberbia de la gente y que la suya, aunque españoles valientes, cada día apocándose, iba a menos, despachó aviso a la Corte de lo que sucedía pidiendo socorro a los señores reyes y sus majestades le enviaron mucha gente, bastimentos y municiones. Con la mayor parte de este socorro vino  Alonso de Lugo el cual asistía en el puerto de Agaete donde habían hecho los españoles una torre de fuertes tapias de la cual muchas veces salía con los suyos a hacer presas y correrías en los canarios y sus gruesos ganados y mieses sazonadas, siendo esto de mucha ayuda para conseguir más breve la conquista…Después vino también allí Fernando Peraza, señor de la Gomera y El Hierro por mandado del rey y ambos con sus soldados lo hacían valerosamente”
 
[3] TOMÁS MARÍN DE CUBAS: “Historia de la conquista de las siete islas de Canaria”. Capítulo IX Folio 55 Vuelto
“Se corría la tierra por todas partes y entre los gomeros fueron muy señalados en fuerza y valor algunos veinte que tuvieron luchas y desafíos celebres con los canarios. Saliendo ciertos castellanos y gomeros de la torre de Agaete a traer ganado o cautivos, cogiendo la playa de la mar, vieron salir de una cueva dos mujeres huyendo por sobre unos riscos, la una era madre, algo anciana, y la otra, su hija, muy hermosa, de mucho cabello y rubio con unos faldellines de pieles y lo demás desnudo como en todas se veía. Estas, viendo llegar a querer subir el risco tras ellas, arrojaron tantas piedras que mataron a un soldado,  e hirieron a muchos a la subida del risco de Tirma. Mas viendo la resistencia dos castellanos subieron  rodeando otro camino por unos andenes bien peligrosos y pudiendo la más anciana huir y escaparse volvió sobre la moza que se ponía en defensa y pareciéndole imposible escapar de cautiverio le desenvolvió el cabello largo a la moza y dándose dos vueltas al brazo derecho con él, se arrojo del risco abajo trayéndosela consigo; se hicieron pedazos y hoy llaman el Salto de las Mujeres.
[4] Una crónica primitiva de la conquista de GC: El Matritense Pág. 78. Museo Canario año III nº 5 enero-abril 1935, p. 78
“De la cual respuesta fue muy agradecido el Pedro de Vera y escribió a Hernán Peraza loando la respuesta de fr. Alonso Jáimez y que le tenía en mucho miramiento, y le encargó que allí acompañase a su alcaide Alonso Fernández de Lugo y que junto hiciesen sus entradas en los canarios como de nobles se esperaba, y así lo hicieron, salteándolos sobre la Guayedra y Aretenara, haciendo presa en ellos y en sus ganados y mantenimientos con ciento y cuarenta hombres que tenían”
 
[5] RUMEU DE ARMAS “ El alcaide de Alcázar de Cordoba Juan de Frías, protector de la reina de Canaria” Revista el Museo Canario XLIII 1983
“Primeramente gasté con la reina de Canaria, en el mes de septiembre de dicho año, que estuvo mal todo el dicho mes, que me la entregaron doliente a  la muerte, se gastaron en medicinas y purgas y jaropes y otras cosas que fueron menester para su dolencia, y en un maestro que la curó, 650 maravedíes”.
 
[6] TOMÁS MARÍN Y CUBAS: “Historia de la conquista de las siete islas de Canaria” Capítulo IX Folio 56, RSEAP, Las Palmas de Gran Canaria, 1986.
“Del Real de Las Palmas corrían la costa hasta Maspalomas y Tirajana y cerca de Agüimes. En el barranco de Guayadeque halló Pedro de Vera un canario con ganado que no huyó y preguntado dijo que era cristiano y se llamaba Juan Mayor, natural de Lanzarote, que fue de los muchachos que los vecinos mas principales, vasallos de Diego de Herrera, trajeron treinta como en rehenes. Hablaba velozmente la lengua canaria y sabía toda la isla a palmos. Era cautivo del Guanarteme de Galdar, y allí fue preguntado por dónde asistía y qué era su intento, y queriéndose venir con Pedro de Vera se lo estorbó, y le dijo que pasase  a Agaete con Alonso Fernández de Lugo y fuese espía de lo que pasaba, avisándole de todo, que se le daría el premio merecido, y dio la vuelta al Real de Las Palmas”.
 
[7] RUMEU DE ARMAS “El alcaide de Alcázar de Cordoba, Juan de Frías, protector de la reina de Canaria” Revista el Museo Canario XLIII 1983.
“Fernando el Católico se presentó en la ciudad de los califas el 29 de marzo de 1482, mientras su esposa la reina Isabel, algo retrasada en el viaje, demoraría la entrada hasta el 23 de abril. Los monarcas se alojaron en el llamado Alcázar Nuevo, espléndida residencia en la que van a permanecer hasta el primero de octubre, una vez finalizada la campaña del año indicado. En un orden estrictamente familiar hay que señalar el alumbramiento por la reina Isabel, el 28 de junio, de la Infanta María, llamada con el tiempo a ser reina de Portugal por su matrimonio con Manuel I el Afortunado”.
 
[8] TOMÁS MARÍN Y CUBAS: “Historia de la conquista de las siete islas de Canaria”
“Juan Mayor, cumplió tan bien su palabra, que en pocos días de asistencia de espía fue de mucho provecho. Le trajeron nuevas al alcaide de que en un lugar junto al pueblo de Gáldar, en una cueva que mira al nacer del sol, habían entrado ya cerca de noche quince hombres que allí han de dormir. Fueron tres cuadrillas con la espía, rodearon la cueva y entraron donde estaban dormitando, que sin poderse menear ni aún rodear fueron presos y atados; y algunos dormían con mujeres y la espía dijo que el uno de ellos que tenía una mozuela era el Guadarteme de Gáldar, que por sus amores vino allí. Llegados ante el alcaide Lugo y los demás fue mucha la alegría que hubo con tan buena presa. Se dio luego la nueva a Pedro de Vera. Antes de romper el día llegó el propio con la carta. Fue de sumo gozo la prisión del rey Guayedra que era el que tantos males nos había hecho y ya nos juzgamos libres de tantos trabajos por haber dado fin a tantas fatigas como se padecían en Canaria”.
[9] DOMINIK JOSEPH WÖLFEL "Don Juan de Frías: El gran conquistador de Canarias"  Museo canario 1953
"Las circunstancias de la prisión  prueban que entonces hubo una entrega voluntaria del guanarteme a los conquistadores y no una prisión. Irse a dormir tan cerca de los españoles, sin centinelas ni guardias, hubiese sido una tontería más que un atrevimiento. Pero el guanarteme va al Real de Las Palmas como huésped muy honrado y no como prisionero. Alonso de Lugo le acompaña, no le lleva. No hay tentativas de los indígenas de libertarlo, el gobernador Pedro de Vera va a su encuentro con pompa, no con aparejo de guerra; le abraza, le da todos los honores debidos a su rango, y en el Real es tratado como huésped distinguido y no como prisionero. El alcalde mayor lo acompaña como el mejor intérprete y cuando vuelve de la Península se pone el guanarteme a la cabeza de un ejército de indígenas cristianizados. Todo esto sería un enigma, si no tuviésemos ahora su clave".
 
[10] LADERO QUESADA, M.A,: “Las cuentas de la conquista de Gran Canaria”, en Anuario de Estudios Atlánticos  nº 12 Madrid-Las Palmas, 1966,
“Relación de la partida de Michel de Moxica e de las cosas que llevó.
Parece, por una carta firmada de Miguel de Moxica, su fecha en la villa del Puerto de Santa María a primero día de octubre de 1482, por do paresce que a la sazón partió el dicho Michel de Moxica para la Grand Canaria,…”
 
[11] MORALES PADRÓN, FRANCISCO “Canarias, crónicas de su conquista”, Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria 3ª edición, 2008, pag. 3
“El enigma únicamente lo podemos solventar considerando la posibilidad de:
-En marzo-abril de 1482 Fernando viaja a la península con su esposa encinta que permanece allí. D. Fernando regresó en octubre; no así la reina porque acababa de dar a luz y constituía un rehén.
-En 1483, tras la rendición de abril, Fernando Guanarteme viajó nuevamente a la península y recibió en agosto a su mujer e hija para retornar a Gran Canaria”.
 
 
 
[12] MIGUEL SANTIAGO Y RODRÍGUEZ. “Los viajes de don Fernando Guanarteme a la península y el final de la conquista de Gran Canaria”. Homenaje a Elías Serra Rafols, 1973, Universidad de La Laguna Tomo IV, nota a pie de página 340
“…Y es que Muxica, sin duda fue el que acompañó al guanarteme a la Corte cuando a ella fue por primera vez y en 1º de octubre de 1482 embarcó para Gran Canaria, no en 1483; también habría que suponer que la “reyna de Canaria” fue aprisionada antes que Tenesor y llevada a Castilla antes que él ya que estaba en Córdoba por lo menos en agosto de ese 1482. ¿Y siendo aprisionada ella sola, no con el rey, se le habría dado la categoría que se le dio y se le hubiesen dispensado las atenciones que se le dispensaron de agosto de 1482 a 15 de agosto de 1483? Parece difícil concebirlo”.
 
[13] LOBO CABRERA, M.: La conquista de Gran Canaria Las Palmas de Gran Canaria (1478-1483) : Ediciones del Cabildo, 2012 p.101
 
[14] TOMÁS MARÍN Y CUBAS: “Historia de la conquista de las siete islas de Canaria”
Mandó el rey, que luego que fuese cristiano, con la brevedad posible, los volviese Miguel de Mujica que había enviado a Vizcaya a recoger 200 hombres y algunos aventureros para que quedasen en la isla después de allanada a lo que se ofreció  Guayedra y siendo cristianos fuese la isla toda por suya y volviesen a ella todos los canarios que estuviesen fuera libremente.
 
[15] LADERO QUESADA, M.A,: “Las cuentas de la conquista de Gran Canaria”, en Anuario de Estudios atlánticos  nº 12 Madrid-Las Palmas, 1966, p.35
Relación de objetos recibidos por Miguel de Muxica para su partida de El Puerto de Santa María en octubre de 1482…
Que dio o pagó más por el gasto de un escudero que fue por lengua con Noguadarteme (sic) de Sevilla a Córdoba: mil e quilla a Córdoba : mill e quinientos maravedíes.
Que pagó por alquiler de un mulo en que fue el dicho escudero que iba como lengua : setecientos maravedíes.
 
 
[16] RUMEU DE ARMAS “ El alcaide de Alcázar de Cordoba Juan de Frías, protector de la reina de Canaria” Revista el Museo Canario XLIII 1983
“La identificación de la reina resulta de momento imposible. En pleno siglo XVIII, con muy escaso valor por tanto, el cronista Núñez de la Peña la bautiza como Juana, mientras que el genealogista Suárez de Quintana la denomina, en la gentilidad, Abenechara Chaveneguer y, una vez cristianada, Ana Chaveneguer”.
[17]    RODRÍGUEZ DÍAZ DE QUINTANA, M.: Estudios históricos Rey Fernando Guanarteme Tomo III Museo Canario. Trabajo no editado hasta la fecha
[18] LOBO CABRERA, Manuel.: Las princesas de Canarias Las Palmas de Gran Canaria: Anroart Ediciones, 2012, p.55
 
[19]   LOBO CABRERA, M.: “Nuevos datos sobre la descendencia de don Fernando Guanarteme”.
[20] RUMEU DE ARMAS, A.:  “Don Fernando Guanarteme y las princesas Guayarmina y Masequera en la corte de los Reyes Católicos. Revista de Historia Canaria Tomo XXX 1965 y 1966 La Laguna
“La ciudad de los califas le iba a deparar el raro espectáculo de contemplar a otro monarca cautivo: el rey Boabdil de Granada prisionero de los andaluces de resultas de la derrota de Lucena. Relatan las crónicas que al Rey Católico le enorgullecía pasear a caballo por las calles de Córdoba, llevando a diestra y siniestra a los dos monarcas prisioneros”
 
[21] La grafía correcta del término es en nuestra humilde opinión guadarteme y no guanarteme. Así lo hemos contrastado en multitud de fuentes escritas primarias. Su significado sería Río Grande, el río que hace de divisoria entre los reinos de Telde y de Gáldar, hoy barranco de Tenoya, que desemboca en el lugar conocido asimismo desde entonces por Guadarteme.
 
[22]La cita se refiere a las conocidas octavas reales de Cairasco de Figueroa insertas en la traducción de la “Jerusalén libertada” de Torcuato Tasso y a la obra de Néstor Álamo“Tenesoya Vidina y otros relatos”
 
 
 

 

1 comentario:

  1. Felicitaciones al compañero Faneque por esta expléndida narración analítica sobre ese bienio tan crucial para la historia moderna de Gran Canaria. Muy interesante y gran artículo para abrir el camino a mas publicaciones.

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