APORTACIONES
PARA LA REVISIÓN DE
ALGUNOS HECHOS DE LA
CONQUISTA DE GRAN CANARIA
Faneque Hernández Bautista, Profesor de
Ciencias Sociales
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En el alto minarete
en que rezaba el muecín
tañen campanas, hogaño,
la alegría del Señor,
y bajo las arquerías
de pórfido y alabastro
de la mezquita de antaño
las aguas de gracia y vida
recibiera Tenesor.
Juan del Río Ayala, Tirma, 1947
Resumen: Revisión de hechos clave
relacionados con la conquista de Gran Canaria tales como la identidad y
circunstancias de la captura de la reina o guayarmina de Canaria y de la
posterior entrega de su esposo el rey o guadarteme Tenesor Semidán como
resultado de la extorsión a la que es
sometido. Asimismo el trabajo estudia los dos primeros viajes de Tenesor a la Península y las
circunstancias de su bautizo con el nombre de don Fernando Guadarteme en el
verano de 1482 en ceremonia oficiada por
el Arzobispo de Sevilla, no el de Toledo, en la
Ciudad de Córdoba, no en la de Madrid o en la de Calatayud.
Palabras claves: Reina de Canaria, Guayarmina
Abenchara, GuadartemeTenesor Semidán, Conquista de Gran Canaria, siglo XV
Abstract:
Revision of main facts related to the conquest of Gran Canaria, such as the
identity and circumstances of the kidnapping of the Queen or Guayarmina of Canaria
and the subsequent surrender of his husband the king or Guadarteme Tenesor
Semidán as a result of the extortion he suffered. Additionally this article is
focused on the two first voyages of Tenesor to mainland and the circumstances of his baptism with the
appellation of don Fernando Guadarteme in the summer of 1482 in a ceremony
officiated by the Archbishop of Seville, not of Toledo in the city of Cordoba,
not in Madrid or Calatayud.
Keywords: Queen of Canaria,
Guayarmina Abenchara, Guadarteme Tenesor Semidán, Conquest of Gran Canaria,
15th century
Relieve
escultórico obra de Facundo Fierro situado en el Alcázar de Córdoba
GLOSA DE LA OBRA DE MARÍN DE CUBAS
Introducción
Los hechos que
vamos a estudiar tuvieron lugar a caballo entre 1482 y 1483 postrimeros años de
la conquista de la isla de Gran Canaria. Dicha proceso se extendió en dos
períodos que se definen por la diferente actitud de sus capitanes de guerra.
Durante la primera fase (1478-1480) Juan Rejón establece el Real de Las Palmas
después de ganar la batalla del Guiniguada y asegura la presencia castellana
venciendo a los portugueses en el desembarco de Las Isletas, sufriendo algunas
derrotas en sus correrías por el interior debido a la falta de bastimentos y a
las frecuentes disensiones por la
estrategia seguida que culminan con el ajusticiamiento de Pedro de Algaba, uno
de los triunviros de dicho período.
Durante la segunda fase (1480-1483) Pedro de
Vera con numerosos refuerzos y mando unificado reactiva la campaña militar con
razias de destrucción en ambos reinos indígenas que parten desde el Real y
también desde la Torre
de Agaete después que esta se construyera en 1481 para abrir un segundo frente.
Una de estas correrías supone la muerte en mala lid de Doramas que cambia el
signo de los enfrentamientos. Es entonces que se manifiesta la debilidad de los
guadartemes que tratan de pactar la rendición salvaguardando libertades y
franquezas de los canarios al tiempo que acuden a denunciar la crueldad de los
métodos de conquista. Primero el
Guadarteme regente de Telde, Aymedeyacoán, acompañado de un séquito de guayres,
se presenta en 1481 en Calatayud, prestando vasallaje a los Reyes de Castilla,
aunque más tarde, a la vuelta, esta
legación iba a desaparecer misteriosamente, quedando descabezado el reino. Más
tarde en 1482 es Tenesor Semidán, el Guadarteme de Canaria, reunificados los
dos reinos, con cuatro de sus guayres, quien se presenta en la Corte de Córdoba para sellar
las paces en unas circunstancias forzadas por la captura de su esposa, la
guayarmina Abenchara, que trataremos de desvelar en este estudio y que
determinarán en un corto espacio de tiempo
la rendición de la isla.
1482.
Las correrías de
los extranjeros que se parapetan detrás de las murallas y tapias de la torre
que recientemente ha sido levantada en la rada de Agaete[1] llevan un tiempo asolando las costas y
medianías del norte robando mujeres y ganado, provocando la huída hacia las
montañas de los nativos, sobre todo desde que en febrero llegaran los refuerzos
gomeros y de “hombres de las islas” de Hernán Peraza[2].
Es en el valle
de Guayedra con toda probabilidad donde se oculta la familia real canaria
después de que, ante el acoso de las fuerzas de Alonso Fernández de Lugo,
hubiese de ser abandonada Gáldar, la ciudad de las guayarminas.
Marín de Cubas
describe con profusión de detalles [3] una
de estas correrías: la que tiene lugar desde Agaete en las costas de Tirma
cuando dos mujeres, una muchacha rubia y una mujer mayor que la acompaña,
después de matar lanzando piedras a un castellano, al verse rodeadas y sin
escapatoria deciden despeñarse antes que ser capturadas ¿Puede ser esta la crónica
de la captura de la reina de Canaria?
Un texto
extraído de las crónicas[4] puede
arrojar una luz distinta sobre el modo en que fue capturada la reina. Relata el
cronista de la Matritense
que desde el fuerte de Agaete se realizaron correrías de castigo sobre Guayedra
y Artenara. La posibilidad de que la guayarmina fuera capturada en el mismo
lugar donde se ocultaba la familia real mientras Tenesor y los guerreros del
poblado estaban ausentes con motivo de alguna operación militar parece más
plausible que la de los bañaderos de Faneroque, al pie del macizo de Tirma,
habida cuenta de la proximidad del fuerte hasta dicha playa (menos de una
legua).
Desde uno u otro
escenario la capturada va a ser llevada al fuerte de Agaete. Podemos imaginar
lo que allí ocurre con las nativas presas pero no tenemos datos para
atestiguarlo. Lo único cierto y comprobado es que Abenchara, la reina de
Canaria, llegó a Córdoba tiempo después
“doliente a la muerte” como diría su protector, Juan de Frías[5],
cuando le fue confiada. Hemos de suponer que o bien se riscó cuando huía, o
bien fue objeto de violencias sin nombre por parte de los acuartelados…o ambas
cosas.
Sí sabemos con
certeza que en fechas próximas a estos hechos, había pasado a formar parte de
la guarnición de Agaete, por encomienda de Pedro de Vera, un nativo de Lanzarote, que llevaba de rehén
muchos años en Canaria, llamado Juan quien, haciendo las veces de espía y de
traductor,[6] se
aprestaría a advertir al alcaide de la torre de que la joven señora capturada
era Abenchara Chambeneder, la hija del que fuera faycán de Gáldar Chambeneder y
esposa de Tenesor Semidán, el temido Guadarteme de Canaria. Ambos gobiernan la
isla como regentes por minoría de edad de su sobrina Arminda Masequera, la hija
del fallecido Egonayga Guayasén Semidán, el “Guanarteme bueno”.
Es razonable
pensar que el de Lugo y Hernán Peraza no iban a desaprovechar aquella
formidable noticia para acreditar su mérito ante los monarcas castellanos y
escapar así del largo destierro forzado de Agaete donde no se daban las condiciones para coronarse de gloria con
la centena de hombres que constituían la guarnición, incapaces, por sí solos,
de decantar el curso de la guerra contra los indígenas. Creemos por tanto que, contando
con la anuencia del general Pedro de
Vera, la infortunada guayarmina (“reina” en la lengua nativa) fue embarcada
urgentemente, una vez descubierta su identidad y a pesar de su grave estado de
salud, rumbo a la Península ,
para ser entregada como cautiva a los que más tarde serán conocidos como los
Reyes Católicos. El profesor Ladero señala que “fue traída a Castilla,
seguramente en el viaje que Miguel de Mujica hizo por entonces, pues estaba ya
en la península a finales de agosto”.
Es efectivamente
a finales de agosto cuando Abenchara, que está “doliente a la muerte”, es
confiada, ya como hemos comentado, al
Alcaide del Alcázar don Juan de Frías. Su captura debió pues producirse a
principios de verano o incluso antes, pues no sabemos cuánto tiempo pudo pasar
encerrada en la torre antes de su embarque o recibiendo atenciones en Sevilla
para su curación antes de procederse a su traslado final a la Corte.
Su entrega a los
reyes tuvo lugar en la ciudad de Córdoba
por su proximidad a la frontera con el Reino de Granada. Desde Córdoba
se dirigían las operaciones de guerra contra los nazaríes por lo que los reyes,
cada año, durante los ocho en que allí se instaló la corte, se trasladaban al alcázar de esta ciudad al
comienzo de cada campaña militar, a principios de la primavera, tras pasar el invierno
en Castilla o Aragón. Así es que, nos cuenta Rumeu de Armas[7],
Fernando llega a Córdoba a fines de marzo de 1842 e Isabel se retrasa algo, con
motivo de estar embarazada, llegando a
fines de abril.
Será exactamente a 31 de agosto cuando
Abenchara que está muy enferma es recibida en el Alcázar de Córdoba quedando
bajo la protección de su alcaide quien, según el autor antes citado, no es el
obispo de Canaria sino otro personaje homónimo, afirmación que compartimos
teniendo en cuenta los sólidos argumentos del historiador. A esos
argumentos añadimos, en su apoyo, el
hecho de que los pagos de este personaje se extendieron durante al menos dos
años más, hasta 1484, como se acredita en una partida de las Cuentas referida
al salario de una nodriza para alimentar a un esclavito del príncipe Juan que
está también bajo su custodia, junto a unos lebreles de caza. No parece que
estas sean tareas muy apropiadas para el obispo de Canaria, que es a su vez un
capitán general de la conquista de Gran Canaria, sino para el alcaide de un
palacio real.
En las “Cuentas
de la conquista de Gran Canaria” publicadas por el profesor Ladero, el tal Juan
de Frías justifica los gastos que hizo
en medicinas, purgas y jaropes y en el salario de un maestro sanador para
atender durante todo el mes de septiembre a la joven canaria que se debatía
entre la vida y la muerte.
Durante ese mes
viven en el Alcázar, más que conviven,
la reina de Castilla y la reina de Canaria dado que no pudo haber
relación entre ellas por la grave situación de salud de esta última.
Curiosamente, cuando llegan a Córdoba, ambas se encontraban en avanzado estado
de gestación, habiendo nacido sus hijas con una diferencia de tan solo tres
meses. Primero la infanta María, a fines de junio, quien de mayor llegará a ser la reina de Portugal y, a fines
de septiembre, Catalina la canaria. La coexistencia es tan corta porque los
Reyes Católicos abandonan Córdoba un día
después del nacimiento de la hija de la reina cautiva, hecho que no puede ser
fortuito. Una nota de Rumeu señala que la reina Isabel no apareció por
Andalucía durante la campaña de 1483, en la que sí participó el rey Fernando,
por lo que hemos de deducir que probablemente no volvieron a verse.
La niña canaria
nace, con la exactitud de las citadas Cuentas, el día 30 de septiembre de 1482.
Así lo atestigua el alcaide Juan de Frías cuando informa del pago de seis reales a la partera. A
partir de entonces se va a producir una pronta recuperación de su madre como
puede deducirse de la necesidad de confeccionarle vestidos nuevos y del pago de
los salarios del sanador. Como anécdota curiosa, referimos ciertos gastos
habidos, después del parto, en frisa blanca y pardilla para la ropa de cama de
la niña y en frisa verde y lienzo para los vestidos y camisas de Abenchara,
además de algunos complementos como tocas y zapatas. Hay que reseñar en este
punto que Bethencourt Alfonso estima que la recién nacida tuvo también nombre
guanche, ostentando el mismo de su madre por lo que podríamos llamar a la
infanta, si esto pudiera ser confirmado, Catalina o Abenchara hija.
Pensamos
que uno de los motivos de la pronta recuperación de su madre y de la
prosperidad de su parto, pudo ser la visita no esperada de su marido, el
guadarteme Tenesor Semidán, quien, tras acordar su entrega, debió ser recibido
por los reyes en la misma corte cordobesa donde estaba alojada, cautiva y
enferma, la reina de Canaria. Posteriormente, a principios de octubre,
después de recibir con toda probabilidad
el bautismo en el magno escenario de la Mezquita Catedral de Córdoba y de
ver a su hija recién nacida, emprendería
el viaje de vuelta a su isla, no sin antes haber sellado una capitulación casi
incondicional, con muy pocos derechos; entre ellos, los de ostentar la
propiedad del valle de Guayedra, “donde estaba el espíritu de sus antepasados”,
y el de asegurar la protección para las
libertades y costumbres de la nobleza canaria; y muy gravosos deberes,
como los de aceptar la sumisión a los Reyes de Castilla, cristianarse y
contribuir militarmente a la pacificación de la isla.
Una nueva cita
de Marín de Cubas[8]
puede resultar esclarecedora acerca de los motivos de la entrega
voluntaria de Tenesor cuando explica que
en la cueva donde fueron apresados los canarios “algunos dormían con mujeres y
la espía (la palabra espía era en aquella época de género femenino) dijo que el
uno de ellos que tenía una mozuela era el Guadarteme de Gáldar, que por sus
amores vino allí”. En nuestra opinión las palabras puestas en boca del
informante o espía Juan Mayor se prestan a confusión, mereciendo otra
interpretación: lo que el Guadarteme habría comunicado al lengua es que él ha
decidido su entrega en el lugar pactado, en compañía de sus leales, para acudir
al rescate de la mujer a la que ama, la reina de Canaria y que le aporta la
legitimidad para gobernar.
Asimismo, un
trabajo de profesor Wölfel [9]
precisa la imposibilidad de una captura a tenor de la forma en que esta se
produjera y en el modo en que fuera recibido por el general de Vera que sale a
su encuentro en Bañaderos y lo acompaña hasta el real ordenando salvas en su
honor, según atestiguan las crónicas, decantándose claramente por la hipótesis
de una entrega voluntaria aunque yerra en cuanto a los motivos de la misma y a
la fecha del evento.
Puesto que Abenchara
fue capturada, como concluye el profesor Morales Padrón, en la primavera de
1482 y alumbra a su hija Catalina a finales de septiembre en el Alcázar de
Córdoba, tuvo que ser a principios del
verano cuando Tenesor Semidán habría acordado su entrega, aceptando o
incluso proponiendo que Abenchara fuera
canjeada por su vasallaje a los reyes Isabel y Fernando. Es la única
posibilidad que contempla de recuperar a su mujer y, con ello, de mantener su
legitimidad como rey de todos los canarios.
Así es que Tenesor, después de recibir el
bautismo, regresa de inmediato a Gran Canaria [10],
embarcando a principios de octubre, en el Puerto de Santa María en una nave
fletada por Miguel de Mujica. El 24 de este mes, será recibido en El Real de
Las Palmas por Pedro de Vera quien muestra su sorpresa y satisfacción por la antelación con la que llegan el
guadarteme converso y los esperados
refuerzos y bastimentos. Después de hacer honores al capitán y gobernador,
Fernando Guadarteme, desde el Real, envía emisarios a sus súbditos para cumplir
con la capitulación. Más tarde, abandona con sus guayres el Real, sin custodia
alguna, y se dirige hacia el interior de la isla. Es efectivamente en noviembre
de 1482 cuando tiene lugar el Sábor en el tagoror de Cendro en que el Guadarteme
converso trata de convencer los nobles canarios de sellar la capitulación,
alzándose en su contra Tasarte, junto a su protegido Bentejuí y los faycanes de
Telde y Gáldar para continuar con la resistencia.
El primer viaje
de Fernando Guadarteme a la Corte no está bien documentado y ya hemos advertido
que los especialistas confunden la fecha de su “captura”, que, según los
profesores Rumeu y Ladero, se realiza un 12 de febrero de 1483, una fecha
“imposible”, pues tenemos la certeza histórica de que a finales de 1482 ya
participa del lado castellano en la batalla de Ajódar, y de que está presente,
a principios de 1483, en el cerco del Bentayga, para ser protagonista asimismo
en abril de ese año de la capitulación de Ansite, por lo que su entrega a Alonso Fernández de Lugo hay que situarla a
principios del verano de 1482.
Morales Padrón
es el investigador que, hasta ahora, más se aproxima a estos asertos cuando
plantea la hipótesis, a la vista de las Cuentas de la Conquista, de un primer
viaje a la Península en la “primavera” de 1482[11],
pero sin reconocer en ningún momento la evidente extorsión a la que se somete
al guadarteme. Prefieren hablar de que este acompaña a su mujer embarazada
hasta la Corte y de que la reina de Canaria ha de permanecer allí, como rehén,
tras haber alumbrado a su hija.
Santiago y
Rodríguez había planteado pioneramente con anterioridad que el primer viaje del
guadarteme había tenido lugar en 1482, regresando de la Península primero de
octubre, pero rehúsa sin embargo aceptar la evidencia del rapto de la reina de
Canaria y la subsiguiente extorsión a su esposo con argumentos incompresibles[12].
Finalmente, el
profesor Lobo Cabrera en fechas muy recientes, ante la pregunta de si fue una
rendición o un apresamiento pactado se aventura a plantear, puesto que en
algunos textos se habla de que su captura se produjo estando de paces, que
“posiblemente, si tenemos en cuenta el arresto de su mujer encinta con
anterioridad y enviada al Península, el
guanarteme abrigaba la posibilidad de liberarla”.[13]
El único cabo
suelto que debemos reconocer en nuestras conjeturas es la cortedad de tiempo de
la expedición, mediando tan solo unos meses entre el viaje de ida y el de vuelta de Tenesor Semidán. Pero
sabemos de las urgencias de los reyes para conseguir que el “cautivo” Fernando
Guadarteme regresara cuanto antes a la isla para así culminar la conquista de
la isla, como bien recoge Marín de Cubas a través de sus privilegiadas fuentes,
cuando el rey Fernando insta al Guadarteme a volver “luego que fuese cristiano,
con la brevedad posible”[14].
Si un viaje
entre Gran Canaria y Andalucía, al navegar contra el viento, podía durar en
torno a diez días, debemos calcular tres semanas para el viaje en barco entre
la ida y la vuelta, que sin duda sería más rápida, y al menos dos meses para
presentarse ante los reyes en Córdoba para allí, después de encontrarse con su
esposa y ser bautizado, esperar la leva que hace Miguel de Mujica en Vizcaya de
ballesteros y colonos en tierras del norte para después retornar al puerto de
Santa María y poner rumbo al puerto de Las Isletas. Todo esto debe suponer un
mínimo de tres meses y puesto que existen pruebas, en las Cuentas, de que el
barco de vuelta parte a “primero día de octubre de 1482” desde el Puerto de
Santa María, tuvo que ser a principios
del verano, tiempo después del rapto de
Abenchara, cuando Tenesor debió entregarse a las cuadrillas de Fernández de
Lugo y Hernán Peraza, con la mediación
del trujimán Juan Mayor. Debemos concluir en consecuencia que mucho tiempo antes
de nacer su hija él ya habría acordado su entrega pues el objetivo esencial es
recuperar a su esposa como símbolo y sostén de su poder.
El esquema
cronológico se podría simplificar si pensamos, siguiendo al profesor Ladero,
que Miguel de Mujica no acompaña a Tenesor en su viaje a la península sino que
fue a la reina de Canaria a quien acompañó
en la primavera de 1482 en su tornaviaje de marzo de ese año, con lo que
los plazos para organizar la leva de ballesteros se amplían considerablemente.
Tenesor habría sido embarcado en su primer viaje a la Península con
posterioridad, en el verano, después de contrastar alguna prueba de vida de su
esposa, con lo que su estancia de tres meses en la Península de junio o julio
hasta septiembre sería un tiempo suficiente para cumplir los objetivos que le
han marcado pues la leva de Mujica se habría realizado entre abril y septiembre
de ese mismo año. Concluimos pues con el planteamiento de que el contino real
Miguel de Mujica lleva hasta la península
a la reina de Canaria en marzo-abril de 1482 y regresa a Gran Canaria en
octubre trayendo de vuelta a Tenesor quien habría viajado a principios de
verano bajo custodia de algunos de los hijos del gobernador.
Tenemos fundadas
dudas acerca de la correcta ubicación del lugar donde se dice que fue bautizado
el rey de los canarios. Algunos autores hablan de Calatayud, confundiendo este
viaje con el realizado en 1481 por un guadarteme de Telde, cuyo nombre es un
enigma, aunque el investigador Rumeu de Armas
propone identificarlo con Armide Yacocon, también reconocido en las
crónicas como Aymedeyacoán, hermano del, en esas fechas ya fallecido por una
epidemia de modorra, rey de Telde Bentagao, padre de la princesa Tenesoya y del
guayre Autindana. Otros sitúan
equivocadamente el evento en Toledo por el hecho de que quien dirige la
ceremonia es el recién propuesto Arzobispo de Toledo don Pedro de Mendoza.
Otros, como Rumeu y Ladero, sin documentación de apoyo, lo sitúan en Madrid
porque datan incorrectamente el hecho en febrero de 1483 cuando la corte
castellana efectivamente estaba situada en el Alcázar de dicha localidad.
Pero sabemos que en el verano de 1482 los reyes
estaban en Córdoba y si, como ya ha sido establecido, abandonan esa ciudad a
principios de octubre, al mismo tiempo que el guadarteme emprende su viaje de
vuelta a Gran Canaria, hemos de concluir que la ceremonia de su bautismo debió
ser oficiada en la misma ciudad califal.
Nos apoyamos de nuevo en el documentado Marín de
Cubas quien comenta en relación con el lugar del evento: “…hasta llegar a Calatayud por el camino de Córdoba donde estaban sus
altezas, saliendo gran concurso a verlos por los caminos, y sentían mucho que
los reputasen en el número de los moriscos y estos eran los más que venían a
verlos”. Creemos que Marín corrige el documento original y por confusión
con el viaje del guadarteme de Telde de 1481 cita el lugar de Calatayud, porque
es evidente que no tiene ningún sentido decir que “Calatayud (Aragón) está en
el camino de Córdoba (Andalucía), donde estaban los reyes”. La descripción que
hace, por otra parte, de la existencia de numerosos espectadores al paso de la
comitiva, mayoritariamente moriscos, nos hace pensar que la escena debió
desarrollarse en Andalucía y no en Madrid.
¿Por qué se empeñan los investigadores en llevar la
ceremonia hasta Madrid cuando en las propias Cuentas de la Conquista se hace
constar el pago del traslado de ida y
vuelta del guadarteme desde Sevilla a Córdoba en 1482 [15] y
cuando en la Información Guadartémica de 1526 se recoge la declaración de don
Fernando de Álvarez diciendo que “este testigo lo vido (en Sevilla) después de
baptizado en la ciudad de Córdoba donde a la sazón estaban sus altezas”?
De confirmarse esta hipótesis, el templo en que se
realiza la ceremonia de bautismo del rey canario y de algunos de sus guayres
acompañantes (que recibieron como presentes, según Marín de Cubas, las tierras
de Agumastel, Las Isletas y la costa de Guadarteme) hubo de ser, como ya don Juan del Río Ayala
anticipara en Tirma: Romance de la conquista, la misma Mezquita-Catedral de
Córdoba, la Catedral de Santa Madre de
Dios. Conjeturamos esta circunstancia por la proximidad de una cuadra hasta el
Álcazar nuevo donde está el Palacio Real y por la magnificencia del acto que se
describe en las crónicas, oficiado por todo un Arzobispo aunque no es todavía
el de Toledo, como dicen los historiadores citados, sino el de Sevilla. Su
nombre es sin cuestión don Pedro González de Mendoza, el hijo del Primer
Marqués de Santillana, que fue nombrado cardenal y patriarca desde los tiempos
de Enrique IV de Castilla quien lo tenía en tanta consideración que lo llamaba
el Gran Cardenal de España.
Pedro González de Mendoza fue Arzobispo de Sevilla desde 1474 hasta finales
de 1482. En abril de ese año fue efectivamente propuesto al Papa por Isabel de
Castilla como Arzobispo de la sede primada de Toledo pero el nombramiento papal
no llegará hasta noviembre cuando ya Tenesor está de regreso en Gran Canaria.
En dicha ciudad
de Córdoba, tras el retorno del guadarteme, tuvo que permanecer la reina
cautiva durante once meses y medio. Nada más llegar, debió haberse producido la
ceremonia de su bautizo, mientras estuvo cerca de la muerte, recibiendo un nombre cristiano que según Suárez de Quintana
es Ana y según Nuñez de la Peña es Juana
Fernández.
A pesar de las
numerosas contradicciones entre cronistas y genealogistas[16],
valorando el documentado aunque inédito
trabajo realizado por Miguel Rodríguez Díaz de Quintana[17],
postulamos que Abenchara es la misma persona que él reconoce como Juana
Fernández, la madre de Margarita y Catalina, y que este autor,
inexplicablemente, no relaciona con la reina de Canaria, cautiva en el Alcázar
de Córdoba. Nos decantamos por tanto por
el nombre de Juana, apoyándonos asimismo en la posibilidad, no contrastada, de
que la hija homónima de los Reyes, la que fuera más tarde Reina de Castilla,
que contaba en aquel momento con tres años de edad, haya sido la involuntaria
causante de su onomástica.
Recientemente en
su obra las Las Princesas de Canarias [18] el
profesor Lobo Cabrera deshace la nebulosa acerca de su identidad y
circunstancias cuando plantea abiertamente que “nosotros somos de la opinión de
que la niña nacida en la capital andaluza no es otra que Catalina, la hija del
guanarteme y de su esposa Abenchara, conocida como Juana Fernández, la cual fue
capturada en las campañas de conquista y enviada a la corte por Pedro de Vera…”
1483
Nada sabemos de
cómo transcurrió el encierro de Abenchara hasta que por fin pudo regresar a
Gran Canaria. Imaginamos que, después de sellada la Capitulación de Córdoba y
recuperada su salud, su estancia en el
Alcázar fue todo lo plácida que puede ser la vida de una cautiva por mucho que
sea su prisión un palacio real, es decir, añorando su tierra, su familia y la
libertad perdida. En las cuentas del Alcaide del Alcázar se dice: “gasté con la
dicha reina de Canaria, de su mantenimiento de once meses y medio que la tuve
en mi poder, hasta quince días de agosto que la entregué a su marido por
mandado del Rey nuestro señor, para llevarla
a su tierra…, 4000 maravedíes”
Es
efectivamente en 1483, con posterioridad a la capitulación del 29 de abril en Ansite, probablemente a fines de julio,
después de recogidas las cosechas, cuando Fernando Guadarteme, una vez entregada
en Las Palmas su sobrina Arminda
Masequera como símbolo de la soberanía canaria, viaja por segunda vez a la
corte, situada de nuevo en Córdoba, para acudir al rescate convenido. La
entrega está fechada, como precisan las Cuentas a 15 de agosto de 1483, momento
a partir del cual regresará a su isla, después de una estancia en Sevilla,
acompañado de Juana, su esposa, y Catalina, su hija pequeña. Ambas llevarán en
su honor los apellidos Hernández o Fernández, como indistintamente se escribía
en el lenguaje de la época. La niña es la misma persona cuyo testamento fechado
en 1526 en la escribanía de Gáldar fue hallado, transcrito y analizado con especial acierto por el
profesor Lobo Cabrera[19].
Durante este segundo viaje, en el verano de 1483, el
guadarteme canario va a tener la oportunidad de compartir el séquito del rey
Fernando con otro ilustre cautivo, el rey de Granada, Boabdil, pues ambos
fueron exhibidos en una cabalgata por las calles de Córdoba como símbolos de su
poder[20]. Boabdil será pronto liberado de su
cautiverio, pudiendo regresar a su país, no sin antes haberse visto forzado a
dejar como rehenes a sus hijos, al igual que le había sucedido a Tenesor un año
antes, con la finalidad de provocar la guerra civil entre los nazaríes, lo que
sin duda habría de favorecer los intereses castellanos. Marín de Cubas nos lo
cuenta a su modo: “Vino a visitarle y estuvo con Guanarteme durante tres días
Muyel Adaly, rey de Granada llamado el Chico porque, vivo el padre, reinó él”.
La coexistencia entre los dos reyes en Córdoba queda además atestiguada en la
Información Guadartémica en las declaraciones de distintos personajes aunque
los historiadores en general confunden la fecha de dicho encuentro situando el
acontecimiento con ocasión del primer viaje del
guadarteme[21].
Recapitulación final
Debemos recordar que los hechos que
hemos pretendido revisar históricamente relativos a la captura de una
guayarmina, tuvieron un precedente mejor conocido: el rapto de Tenesoya y su
canje posterior, para recuperarla, por un numeroso grupo de rehenes cristianos,
hechos que describieran literariamente Cairasco de Figueroa en octavas reales
en el siglo XVI y Néstor Álamo en prosa
poética en el siglo XX [22].
Pero esta vez es el propio
guadarteme quien se ofrece a sí mismo en sacrificio de rendición para recuperar
a su mujer y a su hija lo que dota de una justificable debilidad humana a
personaje tan controvertido y coloca en insostenible situación a los métodos de
la conquista castellana que no pueden ser justificados éticamente ni siquiera
en el contexto bajomedieval. Estamos hablando pues de una estratagema urdida
para forzar la conquista de Gran Canaria utilizando como rehenes a una mujer y
a una niña pequeña pues no creemos que haya sido fortuita la captura de
Abenchara. Ni la crueldad inherente a los tiempos de las guerras de
“reconquista” ni el fanático cristianismo de los reyes, para quienes los
nativos no serían más que unos bárbaros infieles, permiten dar amparo a tamaña
iniquidad histórica.
GLOSA DE LA OBRA DE MARÍN DE CUBAS
Deseamos glosar la excepcional utilidad para nuestro
estudio de la obra “Historia de las siete islas de Canaria” de Marín de Cubas
que aparece citada frecuentemente en las notas a pie de página.
Como bien dicen los profesores Millares Torres y
Wölfel, Marín de Cubas maneja fuentes
primarias que no conocen otros historiadores lo cual se refleja en los textos
copiados, organizados a modo de un conjunto de traslados (copia y pega que
diríamos ahora) con un estilo propio del siglo XVI del manuscrito fechado en
1687. La edición publicada por la RSEAP del Las Palmas se corresponde sin
embargo con el manuscrito fechado en 1694 que viene a ser la nueva redacción
que da Marín a los textos antiguos que había recopilado. El autor
introduce en esta segunda redacción
numerosos añadidos erróneos que debieran ser “limpiados” en una edición crítica
del primer original manuscrito como demandaba mi viejo profesor de Historia de
Canarias don José Régulo Pérez en el Proemio de la publicación citada. Solo así
se explica que se describan detalles de la batalla del Guiniguada o del
almuerzo de los canarios en el Palacio Real
o del despeñamiento de una nativa para evitar ser capturada como
esclava, como si estuvieran siendo vividos por el narrador. En conclusión
pensamos que ante la obra corregida de
Marín, sin algunos aditamentos del
segundo manuscrito, estaríamos dando nueva lectura a fuentes primarias de
excepcional valor histórico, probablemente la crónica primigenia de Pedro de
Arguello que cita el profesor Lobo Cabrera en su obra magna, que podrían
suponer una revisión de los hechos de la conquista castellana de Gran Canaria a
tenor de su probada verosimilitud.
BIBLIOGRAFÍA
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Pedro de Vera en la conquista del reino de Granada” Anuario de estudios atlánticos nº 12 1966 pp. 105-116
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su conquista”, Las Palmas de Gran Canaria: Ediciones del Cabildo Insular de
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Guanarteme y las princesas Guayarmina y Masequera en la corte de los Reyes
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final de la conquista de Gran Canaria”. Homenaje a Elías Serra Rafols, 1973,
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SOSA,
Fray José de: “Topografía de la isla afortunada de Gran Canaria”, Las Palmas de
Gran Canaria: Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, 1994
WÖLFEL,
Dominik Joseph "Don Juan de Frías: El gran conquistador de
Canarias" Revista Museo
canario 45-48, Las Palmas de Gran Canaria, 1953
[22]La cita se refiere a las conocidas octavas reales de Cairasco de Figueroa insertas en la traducción de la “Jerusalén libertada” de Torcuato Tasso y a la obra de Néstor Álamo“Tenesoya Vidina y otros relatos”
[1]
LADERO QUESADA,
Miguel Ángel: “Las cuentas de la conquista de Gran Canaria”Anuario de Estudios
atlánticos nº 12 Madrid-Las Palmas,
1966, p. 27.: La torre de Agaete se terminó a fines de septiembre de 1481.
[2]
FRAY JOSÉ DE SOSA:
“Topografía de la isla afortunada de Gran Canaria”, Ediciones del Cabildo
Insular de Gran Canaria, 1994, p.159
“Visto por el capitán
general Pedro de Vera la aspereza de la tierra, el ánimo y soberbia de la gente
y que la suya, aunque españoles valientes, cada día apocándose, iba a menos,
despachó aviso a la Corte
de lo que sucedía pidiendo socorro a los señores reyes y sus majestades le
enviaron mucha gente, bastimentos y municiones. Con la mayor parte de este
socorro vino Alonso de Lugo el cual
asistía en el puerto de Agaete donde habían hecho los españoles una torre de
fuertes tapias de la cual muchas veces salía con los suyos a hacer presas y
correrías en los canarios y sus gruesos ganados y mieses sazonadas, siendo esto
de mucha ayuda para conseguir más breve la conquista…Después vino también allí
Fernando Peraza, señor de la
Gomera y El Hierro por mandado del rey y ambos con sus
soldados lo hacían valerosamente”
[3]
TOMÁS MARÍN DE CUBAS:
“Historia de la conquista de las siete islas de Canaria”. Capítulo IX Folio 55
Vuelto
“Se corría la tierra por todas partes y
entre los gomeros fueron muy señalados en fuerza y valor algunos veinte que
tuvieron luchas y desafíos celebres con los canarios. Saliendo ciertos
castellanos y gomeros de la torre de Agaete a traer ganado o cautivos, cogiendo
la playa de la mar, vieron salir de una cueva dos mujeres huyendo por sobre
unos riscos, la una era madre, algo anciana, y la otra, su hija, muy hermosa,
de mucho cabello y rubio con unos faldellines de pieles y lo demás desnudo como
en todas se veía. Estas, viendo llegar a querer subir el risco tras ellas, arrojaron
tantas piedras que mataron a un soldado,
e hirieron a muchos a la subida del risco de Tirma. Mas viendo la
resistencia dos castellanos subieron
rodeando otro camino por unos andenes bien peligrosos y pudiendo la más
anciana huir y escaparse volvió sobre la moza que se ponía en defensa y
pareciéndole imposible escapar de cautiverio le desenvolvió el cabello largo a
la moza y dándose dos vueltas al brazo derecho con él, se arrojo del risco
abajo trayéndosela consigo; se hicieron pedazos y hoy llaman el Salto de las
Mujeres.
[4]
Una crónica primitiva de la conquista de GC: El
Matritense Pág. 78. Museo Canario año III nº 5 enero-abril 1935, p. 78
“De la cual respuesta fue muy agradecido el Pedro de
Vera y escribió a Hernán Peraza loando la respuesta de fr. Alonso Jáimez y que
le tenía en mucho miramiento, y le encargó que allí acompañase a su alcaide
Alonso Fernández de Lugo y que junto hiciesen sus entradas en los canarios como
de nobles se esperaba, y así lo hicieron, salteándolos sobre la Guayedra y Aretenara,
haciendo presa en ellos y en sus ganados y mantenimientos con ciento y cuarenta
hombres que tenían”
[5]
RUMEU DE ARMAS “ El
alcaide de Alcázar de Cordoba Juan de Frías, protector de la reina de Canaria”
Revista el Museo Canario XLIII 1983
“Primeramente gasté con la reina
de Canaria, en el mes de septiembre de dicho año, que estuvo mal todo el dicho
mes, que me la entregaron doliente a la
muerte, se gastaron en medicinas y purgas y jaropes y otras cosas que fueron
menester para su dolencia, y en un maestro que la curó, 650 maravedíes”.
[6]
TOMÁS
MARÍN Y CUBAS: “Historia de la conquista de las siete islas de Canaria”
Capítulo IX Folio 56, RSEAP, Las Palmas de Gran Canaria, 1986.
“Del Real de Las Palmas
corrían la costa hasta Maspalomas y Tirajana y cerca de Agüimes. En el barranco
de Guayadeque halló Pedro de Vera un canario con ganado que no huyó y
preguntado dijo que era cristiano y se llamaba Juan Mayor, natural de
Lanzarote, que fue de los muchachos que los vecinos mas principales, vasallos
de Diego de Herrera, trajeron treinta como en rehenes. Hablaba velozmente la
lengua canaria y sabía toda la isla a palmos. Era cautivo del Guanarteme de
Galdar, y allí fue preguntado por dónde asistía y qué era su intento, y
queriéndose venir con Pedro de Vera se lo estorbó, y le dijo que pasase a Agaete con Alonso Fernández de Lugo y fuese
espía de lo que pasaba, avisándole de todo, que se le daría el premio merecido,
y dio la vuelta al Real de Las Palmas”.
[7]
RUMEU
DE ARMAS “El alcaide de Alcázar de Cordoba, Juan de Frías, protector de la
reina de Canaria” Revista el Museo Canario XLIII 1983.
“Fernando el Católico se presentó
en la ciudad de los califas el 29 de marzo de 1482, mientras su esposa la reina
Isabel, algo retrasada en el viaje, demoraría la entrada hasta el 23 de abril.
Los monarcas se alojaron en el llamado Alcázar Nuevo, espléndida residencia en
la que van a permanecer hasta el primero de octubre, una vez finalizada la
campaña del año indicado. En un orden estrictamente familiar hay que señalar el
alumbramiento por la reina Isabel, el 28 de junio, de la Infanta María, llamada
con el tiempo a ser reina de Portugal por su matrimonio con Manuel I el
Afortunado”.
[8]
TOMÁS MARÍN Y CUBAS:
“Historia de la conquista de las siete islas de Canaria”
“Juan Mayor, cumplió tan bien su palabra, que en
pocos días de asistencia de espía fue de mucho provecho. Le trajeron nuevas al
alcaide de que en un lugar junto al pueblo de Gáldar, en una cueva que mira al
nacer del sol, habían entrado ya cerca de noche quince hombres que allí han de
dormir. Fueron tres cuadrillas con la espía, rodearon la cueva y entraron donde
estaban dormitando, que sin poderse menear ni aún rodear fueron presos y
atados; y algunos dormían con mujeres y la espía dijo que el uno de ellos que tenía
una mozuela era el Guadarteme de Gáldar, que por sus amores vino allí. Llegados
ante el alcaide Lugo y los demás fue mucha la alegría que hubo con tan buena
presa. Se dio luego la nueva a Pedro de Vera. Antes de romper el día llegó el
propio con la carta. Fue de sumo gozo la prisión del rey Guayedra que era el
que tantos males nos había hecho y ya nos juzgamos libres de tantos trabajos
por haber dado fin a tantas fatigas como se padecían en Canaria”.
[9]
DOMINIK
JOSEPH WÖLFEL "Don Juan de Frías: El gran conquistador de
Canarias" Museo canario 1953
"Las
circunstancias de la prisión prueban que entonces hubo una entrega
voluntaria del guanarteme a los conquistadores y no una prisión.
Irse a dormir tan cerca de los españoles, sin centinelas ni
guardias, hubiese sido una tontería más que un atrevimiento. Pero el guanarteme
va al Real de Las Palmas como huésped muy honrado y no como prisionero. Alonso
de Lugo le acompaña, no le lleva. No hay tentativas de los indígenas de
libertarlo, el gobernador Pedro de Vera va a su encuentro con pompa, no
con aparejo de guerra; le abraza, le da todos los honores debidos
a su rango, y en el Real es tratado como huésped distinguido y no
como prisionero. El alcalde mayor lo acompaña como el mejor intérprete y cuando
vuelve de la Península se pone el guanarteme a la cabeza de un ejército de
indígenas cristianizados. Todo esto sería un enigma, si no tuviésemos ahora su
clave".
[10]
LADERO QUESADA, M.A,:
“Las cuentas de la conquista de Gran Canaria”, en Anuario de Estudios Atlánticos nº 12 Madrid-Las Palmas, 1966,
“Relación de la partida de Michel de Moxica
e de las cosas que llevó.
Parece, por una carta firmada de Miguel de
Moxica, su fecha en la villa del Puerto de Santa María a primero día de octubre
de 1482, por do paresce que a la sazón partió el dicho Michel de Moxica para la
Grand Canaria,…”
[11]
MORALES PADRÓN,
FRANCISCO “Canarias, crónicas de su conquista”, Ediciones del Cabildo Insular
de Gran Canaria 3ª edición, 2008, pag. 3
“El enigma únicamente lo
podemos solventar considerando la posibilidad de:
-En marzo-abril de 1482 Fernando viaja a la península con su esposa
encinta que permanece allí. D. Fernando regresó en octubre; no así la reina
porque acababa de dar a luz y constituía un rehén.
-En 1483, tras la rendición de abril, Fernando Guanarteme viajó
nuevamente a la península y recibió en agosto a su mujer e hija para retornar a
Gran Canaria”.
[12]
MIGUEL SANTIAGO Y
RODRÍGUEZ. “Los viajes de don Fernando Guanarteme a la península y el final de
la conquista de Gran Canaria”. Homenaje a Elías Serra Rafols, 1973, Universidad
de La Laguna Tomo IV, nota a pie de página 340
“…Y es que Muxica, sin duda
fue el que acompañó al guanarteme a la Corte cuando a ella fue por primera vez
y en 1º de octubre de 1482 embarcó para Gran Canaria, no en 1483; también
habría que suponer que la “reyna de Canaria” fue aprisionada antes que Tenesor
y llevada a Castilla antes que él ya que estaba en Córdoba por lo menos en
agosto de ese 1482. ¿Y siendo aprisionada ella sola, no con el rey, se le habría
dado la categoría que se le dio y se le hubiesen dispensado las atenciones que
se le dispensaron de agosto de 1482 a 15 de agosto de 1483? Parece difícil
concebirlo”.
[13]
LOBO CABRERA, M.: La conquista de Gran Canaria Las Palmas de Gran Canaria (1478-1483)
: Ediciones del Cabildo, 2012 p.101
[14] TOMÁS MARÍN Y CUBAS: “Historia de la conquista de las
siete islas de Canaria”
Mandó el rey, que luego que fuese cristiano, con la
brevedad posible, los volviese Miguel de Mujica que había enviado a Vizcaya a
recoger 200 hombres y algunos aventureros para que quedasen en la isla después
de allanada a lo que se ofreció Guayedra
y siendo cristianos fuese la isla toda por suya y volviesen a ella todos los
canarios que estuviesen fuera libremente.
[15]
LADERO QUESADA, M.A,:
“Las cuentas de la conquista de Gran Canaria”, en Anuario de Estudios
atlánticos nº 12 Madrid-Las Palmas,
1966, p.35
Relación de objetos
recibidos por Miguel de Muxica para su partida de El Puerto de Santa María en octubre de
1482…
Que dio o pagó más por el gasto
de un escudero que fue por lengua con Noguadarteme (sic) de
Sevilla a Córdoba: mil e quilla a Córdoba : mill e quinientos maravedíes.
Que pagó por alquiler de un mulo en que fue el dicho escudero que
iba como lengua : setecientos maravedíes.
[16]
RUMEU DE ARMAS “ El
alcaide de Alcázar de Cordoba Juan de Frías, protector de la reina de Canaria”
Revista el Museo Canario XLIII 1983
“La identificación de la
reina resulta de momento imposible. En pleno siglo XVIII, con muy escaso valor
por tanto, el cronista Núñez de la Peña la bautiza como Juana, mientras que el
genealogista Suárez de Quintana la denomina, en la gentilidad, Abenechara
Chaveneguer y, una vez cristianada, Ana Chaveneguer”.
[17] RODRÍGUEZ
DÍAZ DE QUINTANA, M.: Estudios históricos
Rey Fernando Guanarteme Tomo III Museo Canario. Trabajo no editado hasta la
fecha
[18] LOBO CABRERA, Manuel.: Las princesas de Canarias Las Palmas de Gran Canaria: Anroart
Ediciones, 2012, p.55
[19] LOBO CABRERA,
M.: “Nuevos datos sobre la descendencia de don Fernando Guanarteme”.
[20]
RUMEU DE ARMAS, A.: “Don Fernando Guanarteme y las princesas
Guayarmina y Masequera en la corte de los Reyes Católicos. Revista de Historia Canaria Tomo XXX 1965 y 1966 La Laguna
“La ciudad de los califas
le iba a deparar el raro espectáculo de contemplar a otro monarca cautivo: el
rey Boabdil de Granada prisionero de los andaluces de resultas de la derrota de
Lucena. Relatan las crónicas que al Rey Católico le enorgullecía pasear a
caballo por las calles de Córdoba, llevando a diestra y siniestra a los dos
monarcas prisioneros”
[21]
La grafía correcta del término es en nuestra humilde
opinión guadarteme y no guanarteme. Así lo hemos contrastado en multitud de
fuentes escritas primarias. Su significado sería Río Grande, el río que hace de
divisoria entre los reinos de Telde y de Gáldar, hoy barranco de Tenoya, que
desemboca en el lugar conocido asimismo desde entonces por Guadarteme.

Felicitaciones al compañero Faneque por esta expléndida narración analítica sobre ese bienio tan crucial para la historia moderna de Gran Canaria. Muy interesante y gran artículo para abrir el camino a mas publicaciones.
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